domingo, 2 de febrero de 2014
Prisión mental
Un dia como otro cualquiera el cual te levantas y no ves salida alguna. Ventanas frías y empañadas y un tono gris tras ellas. Una cama marcada por el peso de tu cuerpo y un calor frio en el ambiente. Las mismas tristes paredes que un dia te vieron sonreir. Una bombilla que ilumina con insuficiencia la habitación. Una puerta llena de cadenas y candados. Gritas, gritas y gritas, pero nadie te escucha, nadie observa desde fuera esa fría y húmeda ventana. Vuelves a la cama pensante, conviviendo con un atormentado, un loco, o eso piensas. La soledad invade el otro lado de la cama, el abandono y el deterioro reinan en el ambiente. La desmotivación, la desgana, la pena, la melancolía, la nostalgia, el recuerdo... un gran mar donde ahogarse y perderse sin ningún rumbo, solo vagar como si de tu propio limbo se tratase. Lágrimas recorriendo las mejillas tratando de adelantarse unas a otras, una carrera para ver cual cae primera sobre la almohada. Una mano invisible estrujando tu interior. Garras que desgarran el corazón. Escalofríos que arropan tu cuerpo a la espera de ese abrazo, de esas caricias, de esos besos y de ese calor que tanto anhelas. Esa larga espera para que alguien te comprenda. El llanto cesa, la mente duerme, y de vuelta a empezar.
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