En pleno Averno... confuso. Mi hora había llegado, mi nuevo hogar. Nettie me dijo que esto no iba a ser agradable, joder, y tanto. Sentía mis pies empapados bajo el rio de sangre, sangre que emanaba de cascadas y cubría por las rodillas. Oía gemidos, llantos, gritos desgarradores. Era capaz de ver unas figuras demacradas y delgadas a mi alrededor. El cielo era de un gris muy diferente, no se parecía si quiera al de un dia nublado. Era frío, misterioso, poco luminoso, nubes negras. Bestias voladoras lo surcaban. Entre todos esos sonidos, el más llamativo era el silencio. ¿Cuantos secretos y horrores aguardaban estas tierras? ¿Habrá algo superior? De una cosa estoy seguro, no hay sol, ni anocheceres.

Comencé a caminar por la tierra de los muertos. Solo era uno más de tantas almas. Todas me miraban. Andaban medio encogidas, otras se mantenían en cuclillas, como asustadas. Estaban desnudas. Piel grisácea... De nuevo gemidos, lamentaciones... me sentía débil junto a ellas, junto a lo que parecían cuerpos putrefactos andantes. La tristeza era reina. Esa sensación de que los recuerdos eran leyenda en este mundo, pues no había cabida para ellos tras la muerte. No me paré ni un solo instante. Avancé por los caminos de sangre hasta llegar a la entrada principal. Pude contemplarla con detenimiento mientras me acercaba. Eran un puñado de costillas enormes que cerraban el paso. Unas pequeñas llamas en el suelo marcaban el camino. Allí, la retorcida serpiente se mantenía a la espera de aquellos recién llegados. Su cráneo estaba al descubierto, con un pequeño sombrero de copa. Un ojo negro y rojizo en una de sus cuencas. Me chistaba. Me acerqué. Me hablaba...

- "Eh tú, si, ¿que pasa? ni que huvieras visto un muerto..." - Dijo en tono irónico.
Su humor podía verse a kilómetros. No parecía importarle lo más mínimo aquellas almas vagando sin rumbo.
- Oh, tu debes de ser el nuevo inmortal ¿eh? ¿Vas a quedarte ahí como un pasmarote? venga vamos, entra... o puedes quedarte a oir mis historias. ¿Quieres que te cuente aquel dia junto a mis colegas jugando con las cabezas guillotinadas de los aristócratas franceses?...
- ¿Cual es tu nombre? - pregunté sin miedo.
- Jaunty. ¡Ábrete sésamo!.
Y con unas simples palabras tan infantiles... aquel montón de huesos comenzó a moverse. Las puertas al inframundo quedaron abiertas para mi. Era la hora de abrazar el horror. Ser el nuevo amo y señor de la zona muerta. Un guerrero vudú inmortal... un Shadow Man.