jueves, 17 de abril de 2014

Fragilidad

Y allí estaba, sola, en aquel bosque, una jovencita de unos 16 años de edad, se llamaba Sara. Su cara frágil era lo único que se podía ver en la noche, sus ojos marrón canela miraban al cielo entre destellos de estrellas, sus preciosos ojos lloraban por alguna razón. Agazapada entre sus piernas su llanto era la única alarma que despertaba a la intranquilidad en el bosque. Me acerque para preguntarla que la pasaba, pero solo oía lamentaciones en forma de susurros. Nunca supe que la pasaba solo lloraba y miraba el cielo con incertidumbre. Ya la conocía puesto que es la chica que alberga mi corazón. Mis abrazos cada vez eran más fuertes, su llanto no cesaba, sus lágrimas recorrían sus delicadas mejillas como si fueran ríos. Entonces en un arrebato la levante del suelo en mis brazos, se subió a mis hombros y la dije:

- Ves el cielo, ahí es donde quiero llevarte, donde los ángeles viven.

Entre sollozos ella me pidió bajar de mis hombros, me cogió la mano y me dijo:

- Nada me haría más feliz.

Y en ese preciso instante el tiempo se paro con un solo beso de amor.

Un hombre

Y fue aquella noche desolada, mientras apagabas el caliente motor del coche que dejaba una estela de humo. Las cálidas lágrimas que mientras resbalaban por tus mejillas rojas por el llanto, decides bajarte del coche para sentir el frío de la soledad el cual te espía con ojos amenazantes. Preguntas en la fría noche quién anda ahí, pero no obtienes respuesta, tu mente paranoica intenta adivinar en la ya entrada noche el porqué de una pregunta que no tiene interrogaciones. Tras de ti dejas la estela de incomprensión que te invadía.

A lo lejos del bosque se escucha la voz de un hombre que pide a gritos un abrazo de consuelo, su abrazo. A la mañana siguiente encuentran al hombre muerto al lado de su coche, no había signos de violencia, la autopsia solo detecto que se le rompió el corazón en pedazos.

Indefinido

Dulces besos recordados por un simple flashback, algunos fríos, otros calientes, algunos apasionados, otros rutinarios pero cada cual más dulce que el anterior. Como un flashback rompes las reglas del tiempo y viajas por esos besos de amor, cada cual te trae su recuerdo, algunos son cuchillas, otros son flechas de amor que se clavan en tu pecho como una estaca ardiendo. Pero donde están los besos quedaron los abrazos, abrazos que se daban por compasión, por simple tristeza o por el simple dolor desgarrador, esos abrazos que guardan miles de recuerdos buenos y malos, esos abrazos que nos diferencian de las máquinas...

Entre esa marea de recuerdos, nuestra mente se va deteriorando, el paso del tiempo es presa de nosotros, pero no sabemos donde terminaran nuestros pies. Caminamos por otro mundo en el que los recuerdos son tan simples, algunos nos trasmiten emociones tan dolorosas y otros nos hacen ver lo bello de la vida, pero nunca nos paramos a mirarlos, hasta que de repente, después de ese ácido café que llega hasta tu estómago, los recuerdos se vuelven los cazadores de tu mente.

Como un vagabundo buscando su cartón terminas en el agujero de la madriguera donde el dolor es una espina más de tantas. El grito desgarrador inunda tu mente, pidiendo salir de ahí, pero las puertas ya se han cerrado, no hay retorno, estas ahí por algo. ¿Qué buscas? no lo sabes, solo sabes que estas ahí encerrado, mientras te están buscando para cazarte.

martes, 15 de abril de 2014

El flujo de la vida

No escucho voces desde estas paredes, algo pasa, algo me esta ocurriendo mientras mi piel se oxida, no encuentro descanso en el cual mi cuerpo putrefacto por el oxido quiera alimentarse del efímero sueño que me persigue. Golpeo unas paredes que persisten como bloques, es como si tuviera la armada invencible como coraza de esta alma. Vaga la sangre por los raíles de esta misera vida, la cual la tormenta no encuentra sol ni el sol encuentra tormenta, ¿pero como liberar esa alma? Mi cuerpo no puede más con esta tortura que mora por mi mente y atraviesa con un rugir mi estómago hambriento del daño que me corroe.

No existe el hielo que nos haga despertar de este letargo y desolador paraje entre las tinieblas de esta turbia mente. Qué descanso espera cuando lo único que tenemos para comer es nuestra propia sangre, intentamos sacar de dentro lo que por nuestras palabras no pudimos y escribimos en nuestra piel el flujo que nos dio la vida. Nunca esperamos que acabara esto así, quizás fue demasiado tarde cuando quisiste contarlo todo, ahora todo esta dentro y por mucho que intente salir nunca saldrá...


Frente a la mirada inocente de este mar, desfallecemos por fin, después del largo cautiverio, nuestros ojos pueden descansar en este mar llamado: el flujo de la vida.

viernes, 11 de abril de 2014

Relato: Shadow Man




En pleno Averno... confuso. Mi hora había llegado, mi nuevo hogar. Nettie me dijo que esto no iba a ser agradable, joder, y tanto. Sentía mis pies empapados bajo el rio de sangre, sangre que emanaba de cascadas y cubría por las rodillas. Oía gemidos, llantos, gritos desgarradores. Era capaz de ver unas figuras demacradas y delgadas a mi alrededor.  El cielo era de un gris muy diferente, no se parecía si quiera al de un dia nublado. Era frío, misterioso, poco luminoso, nubes negras. Bestias voladoras lo surcaban. Entre todos esos sonidos, el más llamativo era el silencio. ¿Cuantos secretos y horrores aguardaban estas tierras? ¿Habrá algo superior? De una cosa estoy seguro, no hay sol, ni anocheceres.

Comencé a caminar por la tierra de los muertos. Solo era uno más de tantas almas. Todas me miraban. Andaban medio encogidas, otras se mantenían en cuclillas, como asustadas. Estaban desnudas. Piel grisácea... De nuevo gemidos, lamentaciones... me sentía débil junto a ellas, junto a lo que parecían cuerpos putrefactos andantes. La tristeza era reina. Esa sensación de que los recuerdos eran leyenda en este mundo, pues no había cabida para ellos tras la muerte. No me paré ni un solo instante. Avancé por los caminos de sangre hasta llegar a la entrada principal. Pude contemplarla con detenimiento mientras me acercaba. Eran un puñado de costillas enormes que cerraban el paso. Unas pequeñas llamas en el suelo marcaban el camino. Allí, la retorcida serpiente se mantenía a la espera de aquellos recién llegados. Su cráneo estaba al  descubierto, con un pequeño sombrero de copa. Un ojo negro y rojizo en una de sus cuencas. Me chistaba. Me acerqué. Me hablaba...

- "Eh tú, si, ¿que pasa? ni que huvieras visto un muerto..." - Dijo en tono irónico.

Su humor podía verse a kilómetros. No parecía importarle lo más mínimo aquellas almas vagando sin rumbo.

- Oh, tu debes de ser el nuevo inmortal ¿eh? ¿Vas a quedarte ahí como un pasmarote? venga vamos, entra... o puedes quedarte a oir mis historias. ¿Quieres que te cuente aquel dia junto a mis colegas jugando con las cabezas guillotinadas de los aristócratas franceses?...

- ¿Cual es tu nombre? - pregunté sin miedo.

- Jaunty. ¡Ábrete sésamo!.

Y con unas simples palabras tan infantiles... aquel montón de huesos comenzó a moverse. Las puertas al inframundo quedaron abiertas para mi. Era la hora de abrazar el horror. Ser el nuevo amo y señor de la zona muerta. Un guerrero vudú inmortal... un Shadow Man.