jueves, 17 de abril de 2014

Fragilidad

Y allí estaba, sola, en aquel bosque, una jovencita de unos 16 años de edad, se llamaba Sara. Su cara frágil era lo único que se podía ver en la noche, sus ojos marrón canela miraban al cielo entre destellos de estrellas, sus preciosos ojos lloraban por alguna razón. Agazapada entre sus piernas su llanto era la única alarma que despertaba a la intranquilidad en el bosque. Me acerque para preguntarla que la pasaba, pero solo oía lamentaciones en forma de susurros. Nunca supe que la pasaba solo lloraba y miraba el cielo con incertidumbre. Ya la conocía puesto que es la chica que alberga mi corazón. Mis abrazos cada vez eran más fuertes, su llanto no cesaba, sus lágrimas recorrían sus delicadas mejillas como si fueran ríos. Entonces en un arrebato la levante del suelo en mis brazos, se subió a mis hombros y la dije:

- Ves el cielo, ahí es donde quiero llevarte, donde los ángeles viven.

Entre sollozos ella me pidió bajar de mis hombros, me cogió la mano y me dijo:

- Nada me haría más feliz.

Y en ese preciso instante el tiempo se paro con un solo beso de amor.

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