martes, 15 de abril de 2014

El flujo de la vida

No escucho voces desde estas paredes, algo pasa, algo me esta ocurriendo mientras mi piel se oxida, no encuentro descanso en el cual mi cuerpo putrefacto por el oxido quiera alimentarse del efímero sueño que me persigue. Golpeo unas paredes que persisten como bloques, es como si tuviera la armada invencible como coraza de esta alma. Vaga la sangre por los raíles de esta misera vida, la cual la tormenta no encuentra sol ni el sol encuentra tormenta, ¿pero como liberar esa alma? Mi cuerpo no puede más con esta tortura que mora por mi mente y atraviesa con un rugir mi estómago hambriento del daño que me corroe.

No existe el hielo que nos haga despertar de este letargo y desolador paraje entre las tinieblas de esta turbia mente. Qué descanso espera cuando lo único que tenemos para comer es nuestra propia sangre, intentamos sacar de dentro lo que por nuestras palabras no pudimos y escribimos en nuestra piel el flujo que nos dio la vida. Nunca esperamos que acabara esto así, quizás fue demasiado tarde cuando quisiste contarlo todo, ahora todo esta dentro y por mucho que intente salir nunca saldrá...


Frente a la mirada inocente de este mar, desfallecemos por fin, después del largo cautiverio, nuestros ojos pueden descansar en este mar llamado: el flujo de la vida.

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